Tlahtolin ka amo miktli.

"Tlahtolin ka amo miktli, za kochi. Ueliui ieualiztli, uan in tlaltikpac imachtiaz kakiz..." (La palabra no está muerta, solo duerme. Pronto se levantará, y el mundo se enseñará a escucharla...) Jhavi.

lunes, 4 de abril de 2011

11 DE MARZO por Alejandro Dominguez.



Al abrir los ojos lo primero que vi fue mi despertador.  Jueves 11 de marzo de 2004, 6:49 a.m, señalaba. Se me hacía tarde para tomar el tren que, como todos los días, me llevaría a la escuela. Cuando me levanté de la cama, tomé el cepillo de cabello y mientras me cepillaba, me dirigí al guardarropa donde elegiría un atuendo que llegara a sorprenderte.

-          Una falda y una blusa azul.- pensé.

-          ¡Fernanda, se te está haciendo tarde de nuevo!- mi madre me gritaba desde la cocina.

 Apresurada para no llegar tarde a la estación, tomé el desayuno, luego subí a terminarme de arreglar.

6:58 a.m., parecería que el tiempo corría más rápido que yo.

Estoy lista, nunca me había arreglado tanto para ir a la escuela, pero hoy tenía que armarme de valor y cruzar palabras contigo en el tren.

 Salí de mi casa y decidí no correr para evitar el cansancio y el sudor, pero caminaba a paso rápido para tomar la salida hacia mi escuela.
Camino a la estación pude ver a mi amiga Rosa pero quise no hacer contacto con ella para entrar sola al tren y, si se cumpliese mi deseo, encontrar un lugar vacío a tu lado y poderme sentar.
Llegué a la estación y lo primero que hice fue, en lugar de comprar el boleto, mirar hacia todos lados para encontrarte. Mi ilusión de que tomaras el mismo tren que yo se iba acabando.

-          Tanto arreglarme para nada. - dije en voz baja.

Mi reloj ya me marcaba las 7:13, por lo que me formé en la fila para comprar los boletos. Tren 17305. Salida 7:18. Destino Guadalajara - Estación Chamartín, decía el boleto.

Había mucho movimiento en la entrada al tren. Pude notar que había gente de otras regiones. Su vestimenta y su manera de hablar y de actuar eran muy distintas a la de la mayoría de nosotros. Esperé a que se calmara tanto movimiento. Mientras, pensaba en mis probabilidades que tenía de que hubiese un lugar vacío al lado de él, noté que eran más bajas que las probabilidades que tenía en la mañana debido a la cantidad de gente que había, por lo que entré al vagón del tren en donde siempre se sentaba.

Caminé lentamente buscando a discreción su rostro. Fila tras fila, lugar tras lugar. 7:17 a.m indicaba mi reloj y yo seguía de pie.

-          Favor de tomar asiento - indicaban en el tren, pero al parecer no sabían mis intenciones.
-          Aquí hay un lugar - me dijo una voz masculina detrás de mí.

Sí, era él. Cabello rubio, ojos claros y un color de piel que nadie más tenía, al menos en esta ciudad. Sin pensarlo dos veces me senté a su lado.

-          Gracias - le dije con un poco de intimidación.

-          De nada. ¿Fernanda?, ¿cierto? – preguntó, haciéndome sentir un poco mal y a su vez bien por saber que fue un gesto de interés hacia mí.

-          Sí, tú eres Miguel - le respondí sintiéndome estúpida por decirle, sin tono de duda, quién era.

-          Así es, tu compañero en clase de química.

-          Se ha fijado que existo en la escuela- pensé mientras le devolvía una sonrisa.

El tren arrancó 7:21, tres minutos después de lo que el boleto indicaba en la hora de salida. Pasaron 3 minutos de completo silencio entre su asiento y el mío, comencé a preocuparme pensando que la conversación llegaba a su fin.

7:26 a.m y ninguna palabra, mi preocupación se acumulaba cada vez más. ¡Ni siquiera me ha dicho nada de mi falda!

Se escuchó algo de metal caer al suelo cerca de mi pie, por lo que me apresuré a tomarlo y dárselo. Eran sus llaves con un llavero de la bandera de España.

-          Gracias - dijo con una ligera sonrisa

-          No hay problema.

-          ¿Tienes planes para mañana? -  preguntó con inseguridad

-          Claro que no - le contesté con tanta felicidad y sin borrar la sonrisa de mi maquillada cara.

-          Perfecto, ¿te gustaría ver alguna película en el cine?

-          El cine, ¡qué romántico! - pensé.

-          Por supuesto- le dije.

Por primera vez en 7 años que llevo conociendo y fantaseando con Miguel, ¡saldré con él! Imaginándome la gran cita que tendríamos mañana seguía viéndolo a los ojos.

-          ¡Qué bonita falda!

-          ¿En verdad te gusta? -le pregunté para cerciorarme de que no seguía imaginando cosas.

-          Claro que sí, pero tu cabello castaño, que hace juego con tus hermosos ojos, me gusta más - me dijo mientras acercaba su mano a la mía.

Mi sonrisa se hizo más grande aún, y mi vista no la apartaba de sus ojos. Nunca olvidaré este 11 de marzo. Su mano ya se había enganchado con la mía tan fuerte, que ningún movimiento del tren podría separarla. Mi corazón latía más rápido que la locomotora del tren.

7:38 a.m me indicaba el reloj, pero a mí el tiempo ya no me importaba al estar aferrada a su mano.

La Estación ya estaba cerca, ¿porqué momentos como estos no pueden ser eternos? Parecería que todo iba perfecto, pero a cada instante me surgía la duda de que si esto seguiría así siempre o solo soy parte de un tonto juego o un pasatiempo para él. Trate de borrar todos estos pensamientos negativos y seguía mirándolo.

Los segundos parecían siglos. El sol apenas se empezaba a asomarse por las ventanillas del tren, iluminando su hermoso rostro y haciéndome reflejar en sus ojos. De pronto, en los vagones traseros, unos gritos interrumpieron todo este bello momento. No sabíamos de qué se trataba, por lo que Miguel echó un vistazo. Yo no apartaba mi vista de él, puso una cara de preocupación como si tratara de decirme algo, pero solo corrió de nuevo hacia mis brazos. Me dio un abrazo, el más sólido que he sentido y me dijo “te quiero” con un tono de angustia mezclado con tristeza que me preocupaba. En eso, se escuchó una explosión en el vagón anterior al nuestro provocando que el tren se descarrilara por completo.

Mientras el tren se arrastraba por el concreto de la ciudad yo seguía abrazado a Miguel y trataba de entender a qué se debían estas explosiones, entonces escuché a un hombre moreno y de barba, de esos que había visto antes de subir al tren, gritando en un idioma que no podía comprender. Llevaba una mochila, la puso en el suelo y segundos después todo se volvió negro.

              Abrí mis ojos con cierta dificultad. Me sentía acabada. Mi vestido y mi cabello ya eran un desastre a pesar del tiempo y dedicación que les dediqué en la mañana. Entre tanta gente trataba de encontrar a Miguel, todos los pasajeros estaban abatidos en el frío suelo. Logré encontrarlo, no estaba muy lejos. Sus labios junto con su rostro tenían color ceniza y podía verle varias cortadas. Hice esfuerzo enfocando mi mirada hacia sus ojos para ver si se encontraba bien, pero en el fondo sabía que, tanto él como yo, no nos encontrábamos en buen estado.

Mi dolor aumentaba muy rápido y se hacía más fuerte. Mi corazón y mi cuerpo no soportaban tanto dolor. Volví mi mirada a Miguel y observé que abrió, no completamente, sus ojos. No fue difícil que me encontrara; me miró y leí sus labios decir de nuevo: “te quiero”. Y con esa frase se fue el último suspiro de su corazón junto con el mío.

jueves, 3 de marzo de 2011

LA CENSURA A LA CENSURA.


LA CENSURA A LA CENSURA. Por Javier Contreras.


            Después de días de hablar y recomendar a mis alumnos, amigos y familiares la proyección “PRESUNTO CULPABLE” (Dirección: Roberto Hernández y Geoffrey Smith/  México), me llevo hoy la sorpresa de que, dicha película había sido censurada; la causa: Víctor Manuel Reyes Bravo, uno de los testigos del caso de Toño, el protagonista del documental, se amparó ante un juez luego de que la Secretaría de Gobernación rechazara su petición de retirar su permiso para exhibirla. El hecho es que en pleno siglo XXI en nuestro país, aun se mantiene las formas de gobierno arcaicas y obsoletas, donde la corrupción, el compadrazgo y la censura a la libertad de expresión, insisto, no sólo siguen vigentes,  sino que también, crecen cada vez más.
            Hace unas semanas los medios de comunicación nos impactaron con la noticia de que Jueces en Chihuahua dictaban orden formal de libertad al asesino de Rubí Marisol, días más tarde dicho delincuente privó de la vida a la madre de Rubí, los jueces se lavan las manos del caso, el asesino sigue libre. Hoy un juez concede un amparo  a este “falso testigo” del caso Antonio Zúñiga, que fue documentado y llevado al séptimo arte, para proteger su integridad, valor que no tuvo presente durante el juicio.
 Esta suspensión provisional se debe a que el filme da testimonio del “sistema colapsado” y las fallas que presenta nuestro sistema jurídico; pero no sólo eso, también parece que hoy en día, la ley se encarga de proteger y defender a aquellos que la violan, en este caso, “proteger la integridad del testigo”, el cual cabe mencionar durante el proceso legal, falseo su declaración con fuertes consecuencias para el PRESUNTO CULPABLE.
En el pasado fue “el crimen del padre Amaro”, “la ley de Herodes”, sólo por mencionar algunas de las víctimas de la censura, que más tarde, se convierten en víctimas del morbo público. PRESUNTO CULPABLE está luchando no sólo contra Hollywood que llena nuestras salas de cine con películas “rentables”, está luchando contra la ignorancia, la impunidad, contra aquello que ya de antemano, en el caso que la historia nos presenta, denunciaba y sigue denunciando.
Estoy ansioso por que la película se mantenga en cartelera durante mucho tiempo, de que las salas de cine se llenen de PRESUNTOS CULPABLES por violar la ley de censura, de morbosos con el anhelo de ver el fruto prohibido, de cinéfilos comunes y corrientes como usted y yo.
“Nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. Y yo me pregunto: ¿Acaso no aprendemos de nuestros errores?


martes, 15 de febrero de 2011

EL SABOR DEL AMOR.

 Por: Javier Contreras.

Salió de la tienda con un paquete de chicles en la mano leyendo cuidadosamente la etiqueta metálica que contenía aquel anhelado producto, se cercioró que tuviese clorofila. El día anterior había escuchado en clase de Ciencias Naturales que la clorofila evitaba el mal aliento.  Guardó el cambio y siguió caminando, no sabía qué era lo que le causaba esa sensación en el estómago si el temor por no cumplir la apuesta que había hecho con sus amigos o la emoción de tener su primera cita. Sus sentimientos eran encontrados, desde que vio a Micaela no pudo dejar de pensar en ella, sus amigos le decían que no le convenía que era bien coqueta, además, de tener fama de romper el corazón de los hombres. Solo compró un paquete de cuatro pastillas, no necesitaba más; antes de salir, cepilló perfectamente sus dientes evitando enjuagar mucho la pasta dental para que el sabor durara más; evitó los alimentos a partir de ahí, incluso superó la tentación de comprarse un gansito en la tienda, no quería que su primer beso, en caso de que ocurriera, dejara una mala impresión en su compañera a la cual, según le habían dicho, no le gustaban los chocolates.  

            Mientras caminaba, solo un pensamiento pasaba por su cabeza -¿cuánto durará el amor? Era el último de sus amigos que había conseguido novia, ya sus amigos comenzaban con las burlas juveniles –“pa´mi que eres medio maricón”, decían constantemente. Las niñas no le llamaban la atención, él prefería los juegos y la compañía de sus amigos. Todo cambió, el fin de semana pasado vio a Micaela salir del templo después de misa, ella estaba platicando con Faustino, algo le decía a la oreja; de repente, una ventisca le levantó el vestido, apresurada apretó sus manos a sus piernas para evitar dar tremendo espectáculo. Él pasaba de casualidad por ahí y no pudo evitar ser parte del evento, los reflejos de Micaela no habían sido tan rápidos como sus ojos, se sonrojó al subir la mirada y encontrarse con los ojos de ella que, quitada de la pena, acompañó aquel encuentro de miradas con una sonrisa pícara impactando de manera inmediata.

            Las manos sudadas casi rompen la envoltura de aquella goma de mascar, la colocó junto con las monedas que un par de minutos antes le había entregado el señor de la tienda, -¿cuánto durará el amor?- seguía pensando.  Apenas ayer se había atrevido a hablar con Micaela, fue al salir de la secundaria, iba platicando con “el Faustino”, eso no le importó, corrió hasta alcanzarlos y le pidió ser su compañero en el camino a casa, ella aceptó, se despidió de un beso en la mejilla de su antiguo acompañante, entregó la mochila a su nuevo compañero y lo tomó del brazo. Él no quiso perder el tiempo y una cuadra antes de llegar a su destino le pidió que fuera su novia; repitiendo la sonrisa picara que mostró aquel domingo, Micaela dijo necesitar tiempo para pensarlo, que se verían al otro día al salir de la escuela.

            Se detuvo un poco a limpiar el sudor que corría por su frente, cuando sonó la chicharra de la última hora apresuró su salida para ir al baño para lavarse la boca y pasar a la tiendita a comprar el famoso chicle con clorofila. Estaba listo, si Micaela le decía que sí, seguramente cerrarían el trato con un beso, ese era el plan, así lo había repasado, todavía recordó las advertencias de sus amigos con respecto a su futura novia pero eso reafirmó su postura, aunque esto no evitó que siguiera con las mariposas en el estómago. Una vez más se preguntó:- ¿cuánto durará el amor?

            Vio venir a Micaela, sacó de su bolsillo el paquete de chicles, lo abrió, no le costó trabajo, rápidamente metió los cuatro a su boca, masticó con fuerza, exprimió toda la esencia y comprobó que su aliento tuviese olor a clorofila. Micaela no le dio tiempo de decir palabra alguna, inmediatamente lo abrazó, lo sujetó fuertemente y unió sus labios con los de él. Este no era el plan, debía improvisar, cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación totalmente nueva para él.  El frescor de la clorofila se intensificó al mezclarse la saliva de ambos entes que formaban uno, él sintió la eternidad en un instante.

            El chicle pasó de boca en boca, tomó formas infinitas dentro de esas cavidades, Micaela jugaba a esconderlo entre su lengua, él a encontrarlo con la suya; por su cabeza comenzaba a vislumbrarse la respuesta a la pregunta que rebotaba toda la mañana - ¿cuánto durará el amor? toda la eternidad- se respondió. Se soñó casado con ella, un perro, sí, seguramente tendrían un perro, una hermosa casa y dos hijos no más. Apretó todo su cuerpo, la clorofila perdía su efecto, eso lo regresaba a la realidad, abrió los ojos, ella no los había cerrado, parecía disfrutar el sabor fresco de la goma de mascar, él apuró la acción, se dio cuenta que la clorofila no duraba para siempre; ahora podía probar el aliento de Micaela, su verdadero sabor; tragó saliva y continuó.

            Al separarse suspiraron, estaba seguro, el amor duraba para siempre; ella, tomó su mano y tiernamente preguntó si tenía otro chicle, la miró, no sabía que responder, se los había terminado todos. Eso no estaba en el plan, nunca lo imaginó, tampoco imaginó el resultado de aquel error. Micaela soltó su mano y volteó a la banqueta de enfrente. Faustino salía de la tienda con un paquete grande de chicles de nuevo sabor cereza fresh. Ella gritó con todas sus fuerzas mientras atravesaba la calle. Los observó abrir el paquete, su boca se unió con la de Faustino así como antes se había entrelazado con la de él. Levantó su mochila y caminó pensando en una nueva respuesta a la pregunta de ¿cuánto durará el amor?…lo que dura el sabor de un chicle de clorofila.
         

           
            

lunes, 31 de enero de 2011

LA DIVINIDAD DEL ARTISTA



Me gusta ser artista porque cuando estoy en el acto creador me siento como Dios, mezclando los elementos básicos para formar la vida, para formarme, para comunicar sus infinitos pensamientos.

Del mismo modo, tomar en mis manos materia inerte y moldearla, darle vida, formar algo que tiene parte de mí, algo que comunica mis pensamientos, algo infinito, eterno, porque así son los pensamientos, me hace sentir divino. Desde mi punto de vista, el artista siempre ha estado vinculado con la divinidad, no lo puede evitar, su trabajo es espiritual.

Así como el niño que juega, el artista se abstrae, crea, se transporta, cambia su realidad, y no existe realidad más pura que la creada por un niño; el niño también es divino. Al artista se le es fácil imaginar, toma un concepto, una idea y la plasma, la comparte, no persuade, solo comparte, espera a que el espectador logre el goce estético con su obra así como Dios espera que el feligrés se admire con la suya.

Con lo anterior no quiero decir que el artista sea superior, claro que no, en condición es exactamente lo mismo que cualquier otra persona, entonces ¿qué lo ha hecho diferente a través del tiempo?, la acción de crear, de crear a través del espíritu.

 Cada obra de arte es, en parte, autobiográfica, el artista utiliza sus vivencias y reinterpreta, deja parte de sí en su trabajo, contempla su realidad, la analiza y estampa su idea, respeta la triada, lo que piensa, lo siente y lo ejecuta, su producto al nacer de sí lleva su esencia.

Dicta un adagio popular: “De poeta, cantante y loco, todos tenemos un poco”, pero pocos nos atrevemos a explorar esa locura que nos permite reinterpretar nuestra realidad, regularmente somos conformistas y dejamos que otros sean los creativos. Dejémonos llevar, permitamos que el espíritu creativo invada todo nuestro ser. Toda obra de arte se compone de fondo y forma[1], cuando nos enfocamos en el fondo, creemos que ya todo está dicho y eso nos impide adentrarnos en la actividad creadora; lo importante es pensar en la forma, en cómo yo lo veo; eso es lo interesante, es lo que hace el artista, a él no le importa si lo que quiere comunicar fue dicho con anterioridad, sino cómo puede decirlo en este momento para su entorno.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza compartiendo una parte de su divinidad con su creación. El artista, al igual que Dios, comparte su espíritu con la obra de arte vinculándose con el espectador.  Ahí radica la divinidad del artista.


[1]  El Fondo o Contenido, es lo que se dice. La forma es el cómo, es decir, la manera que se dice. N.A.